Semblanza Historica
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Semblanza Histórica

Época prehispánica

Hace más de diez siglos, el territorio que ocupa ahora el estado de Hidalgo fue el centro de un gran pueblo y una gran cultura; la tolteca, que alcanzó un notable desarrollo y penetró en territorios tan lejanos como los de Sonora y Yucatán. Sabios, astrólogos, artistas, filósofos; los toltecas dieron origen a una revolución cultural que influiría en el resto de las culturas de Mesoamérica, incluyendo a los aztecas, que tomaron de aquellos parte importante de su cosmogonía y sus costumbres. Miguel León Portilla escribe al respecto:

"Tanta fue la admiración que experimentaban los mexicas y otros grupos nahuas por el legado de la cultura de Quetzalcóatl y los toltecas, que precisamente en función de tal herencia hablaron de la toltecáyotl con el rico conjunto de significaciones que ya conocemos. Aunque a veces se aplicó también dicho concepto a las creaciones culturales de pueblos aún más antiguos, fue sobre todo apuntalamiento a cuanto, según se pensaba, había tenido su paradigma en Tollan Xicocotitlán".

Esta región fue en tiempos remotos paso de todas las tribus que venían del Norte para establecerse en la meseta central de México, y si bien este continuo tránsito fue borrando la huella de los pobladores más antiguos, se da por hecho que entre los primeros figuraron los huastecos, quienes fundaron el reino de Huastecapan, al norte del actual estado de Hidalgo. Más tarde, los otomíes fundaron Huichapan, Ixmiquilpan y Actopan, y posteriormente, los toltecas repoblaron Huichapan y fundaron Tulancingo y Tollan (actual Tula).

La ciudad de Tollan, fundada por los toltecas alrededor del 900 d.C. y citada con detalle por los primeros historiadores españoles, originó una gran polémica entre los estudiosos de las culturas prehispánicas, ya que algunos arqueólogos señalaron a Teotihuacán como la legendaria Tollan. Estudios posteriores indican que la capital tolteca estuvo en realidad en Tula, Hidalgo, y que su florecimiento fue posterior al de Teotihuacán. En Tollan tuvo lugar el enfrentamiento entre los cultos a Quetzalcóatl y a Tezcatlipoca. El culto al primero, encabezado por Ce Ácatl Topiltzin, predicaba la vida piadosa y ofrendas de animales a los dioses, en tanto que Tezcatlipoca exigía sacrificios humanos. Topiltzin propugnó por formas de convivencia más civilizadas e hizo florecer la arquitectura, la pintura y la escultura, pero a la postre fue depuesto y obligado a salir de la ciudad en 987, año en que marchó rumbo a la Península de Yucatán y se estableció entre los mayas, a los que llevaría el culto a Quetzalcóatl, que fue llamado Kukulcán por esa civilización. De aquí que se hable de la influencia tolteca de Tula en los monumentos de la ciudad maya de Chi-chén Itzá. Después de Topiltzin, esta ciudad fue gobernada por una nueva dinastía a la que perteneció Huémac. Convertidos en guerreros, los toltecas extendieron su influencia hasta puntos muy distantes de su reino, pero también fueron hostilizados por los bárbaros, particularmente los chichimecas-pames de Xólotl quienes en 1156 destruyeron Tula.

En el Códice Matritense de la Academia pueden leerse estos conceptos sobre los toltecas :

En verdad eran sabios los toltecas
Sus obras todas eran buenas, todas rectas,
Todas bien planeadas, todas maravillosas. . .

Posteriormente aparecieron los aztecas que, como se señaló, absorbieron las principales características de la civilización tolteca y fueron la base del gran imperio mexica conquistado por los españoles en 1521. Había entonces en el actual territorio de Hidalgo cuatro zonas tributarias de los mexicas. La primera, con cabecera en Acolman, incluía Tizayuca y Epazoyucan. La segunda, con sede en Hueypochtlan, comprendía ocho pueblos, entre ellos Actopan. La tercera correspondía a Atotonilco el Grande, Acaxochitlán y Tulancingo. Y la cuarta a Molango.

 

La Conquista y la Colonia

En 1520, expulsado de Tenochtitlan y de paso hacia Tlaxcala, Hernán Cortés dejó en Apan algunos soldados y se inició así la conquista y el poblamiento español de Hidalgo.

En 1528, el capitán Francisco Téllez salió de Tenochtitlan rumbo al norte al frente de 25 soldados. Pasaron por tierras áridas y deshabitadas, cruzaron el Valle de Tulancingo y desde el cerro Cuixi observaron el centro del reino de Patlachiuhcán, (hoy Pachuca) donado por el cacique Ixcóatl, tributario del imperio mexica. Enterado de la presencia de los españoles, Ixcóatl y sus guerreros salieron a buscarlos rumbo al sur, pero los españoles estaban en el sureste. Aprovechando la ausencia de los hombres, los conquistadores invadieron Patlachiuhcán, secuestraron a las mujeres y dominaron a los guerreros.

Dos años después, en 1530, Pedro Rodríguez de Escobar y Andrés Barrios llegaron a Ixmiquilpan procedentes de Jilotepec. Rodríguez de Escobar se convirtió en señor de los pobladores y se apropió de los tributos que anteriormente los otomíes pagaban a los mexicas.

Pronto los españoles se percataron de que estaban en una rica zona minera cuyas vetas de plata eran explotadas con sistemas rudimentarios -pero efectivos- por los indígenas, lo cual encendió su ambición. Entonces emprendieron una ofensiva para dominar a los pueblos otomíes y huastecos que formaban parte del imperio mexica. Naturalmente, encontraron resistencia, pese a que los conquistadores contaban con el apoyo militar de los tlaxcaltecas y con la inestimable ayuda de los misioneros, cuya labor fue mas fructífera que la de los soldados. Los frailes franciscanos fundaron cuatro casas de predicación: México, Texcoco, Tlaxcala y Huejotzingo. De Texcoco partieron en 1527 los predicadores que habrían de evangelizar Zempoala, Tizayuca, Tlanalapan, Tepeapulco, Apan y Tulancingo. En 1529, fray Alonso Rangel fundó la casa de predicación en Tula y en los años siguientes se realizaron labores de proselitismo en Huichapan, Tecozautla, Patlachiuhcán, Tlahuelilpan, Singuilucan, Tepeji del Río, Tepetitlan y Nopala.

Entre tanto, la necesidad de asegurar la riqueza obtenida de las minas y dominar las rebeliones indígenas aceleró el proceso de reparticiones y encomiendas, así como la fundación de templos, capillas abiertas y conventos amurallados de las órdenes de San Francisco de Asís y San Agustín. Los agustinos evangelizaron Epazoyucan, Actopan, Ixmiquilpan, Metztitlán, Singuilucan, Molango y Huejutla.

Cuando se integra el virreinato de la Nueva España, lo que ahora es el estado de Hidalgo pasó a formar parte de la provincia de México y a mediados del siglo XVI la colonización ya era total.

Por su parte, los misioneros extendieron sus actividades hasta las zonas más intrincadas como la Sierra Alta, donde se habían atrincherado grupos de indígenas rebeldes. Desde Metztitlán, fray Juan de Sevilla evangelizó a los indios de los contornos y Antonio de Roa hizo lo propio en Molango, donde combatió con violencia la idolatría y fue llamado "Monstruo de Santidad". Cuentan las crónicas que en un acto temerario y espectacular destruyó el ídolo del dios Mola. Ambos frailes, de la orden de San Agustín, lograron con su predicación mucho de lo que no pudieron conseguir las armas de fuego y los caballos.

La minería fue la principal actividad económica de la región durante la época colonial y su importancia fue tan grande que a la plata producida por las vetas de la Nueva España se atribuye la estabilidad económica del imperio hispano. Sin embargo la riqueza nunca benefició a los indígenas; estos eran obligados a trabajar en exceso y sometidos a continuas vejaciones a manos los capataces españoles.

Los minerales de Pachuca y de Real del Monte pagaban a la Corona impuestos proporcionales a sus ganancias, de modo que la quinta parte de la producción total era entregada al monarca español y se conocía como "el quinto real".

En 1555 Bartolomé de Medina, un rico comerciante sevillano, dio un gran impulso a la industria minera con el invento de un sistema de amalgamación por medio de mercurio, que redujo el proceso para obtener plata pura y fue aplicado por primera vez en la hacienda Purísima Grande. Medina obtuvo del virrey Luis de Velasco la exclusividad para comercializar el procedimiento, cuyos derechos fueron adquiridos por casi todos los mineros argentíferos de la Nueva España.

Durante los siglos XVI y XVII las actividades mineras fueron en aumento. En 1612, el virrey Diego Fernández de Córdoba ordenó la instalación de una alcaldía mayor en Itzcuinquitlapilco, cuya principal función fue el control de la delincuencia entre los indígenas de la zona, que eran apresados aun por faltas leves y castigados con crueldad. Además, si sobrevivían a estos castigos eran vendidos cómo esclavos a los caciques y mineros de Pachuca, Zimapán y Real del Monte.

En 1738 Real del Monte era sólo un pequeño pueblo con unas cuantas chozas de adobe, para entonces todo indicaba que la plata se había agotado y las minas fueron abandonadas. No obstante, en 1739 Pedro Romero de Terreros -que 30 años después habría de ser conde de Regla- y José Alejandro Bustamante obtuvieron del virrey Conde de Revillagigedo un permiso para reanudar los trabajos de explotación. Romero de Terreros descubrió la veta de la Vizcaína, que le permitió amasar su enorme fortuna. Esta veta fue la única que se explotó durante los últimos 60 años del siglo XVIII, y era tan rica que, en 1746, se registraron 900 familias de trabajadores asignados a este yacimiento.

A fines del siglo XVIII y principios del XIX llegaron a las minas de Pachuca importantes científicos, entre ellos el barón Alexander von Humboldt. Un profesor del Real Seminario de Minería de la Nueva España, Andrés Manuel del Río, descubrió en 1801, en el plomo pardo de las vetas de Zimapán, un elemento hasta entonces desconocido al que llamó pancromo y que actualmente recibe el nombre de vanadio. Junto con Humboldt, Del Río formó una colección de piedras diversas, entre las que sobresalían los ópalos,mismas que, al ser dadas a conocer en Europa despertaron interés y codicia.

 

La Independencia

El movimiento insurgente encabezado por el cura Miguel Hidalgo y Costilla llegó lentamente a la región que décadas más tarde habría de llevar su nombre. Poco más de un mes después del inicio del movimiento independentista, el 28 de octubre de 1810, un arriero de Huichapan, Julián Villagrán, se levantó en armas, y con su hijo Francisco "el Chito", se lanzó a la lucha insurgente. Muy cerca de ahí, en Nopala, el cura de ese sitio, José Manuel Correa, tomó las armas el mismo año y tras combatir al lado de Morelos llegó a ser mariscal de campo.

A principios de 1811 el argentino Pascasio Ortiz de Letona, simpatizante de la causa insurgente, fue comisionado para solicitar ayuda en los Estados Unidos. Cuando se dirigía a Veracruz se detuvo en Molango, donde fue aprehendido por sospechoso, ya que se le descubrió un documento firmado por el cura Hidalgo. Entonces se le envió a la Ciudad de México para someterlo a juicio, pero para sorpresa de todos, se suicidó en la Villa de Guadalupe. Estos sucesos indignaron a los molanguenses, quienes, encabezados por los curas Francisco Sánchez y Juan Bustamante, se levantaron en armas. Poco a poco ganaron adeptos en la sierra y ocuparon Huejutla, Malila, Tlanchinol, Lolotla, Tenango y Xochicoatlán. El padre Juan Bustamante insurreccionó toda la sierra y llegó a tener una fuerza de 6,000 hombres.

Posteriormente se levantaron en armas los indígenas de Zacualtipán y de Metztitlán, pero el 4 de julio sobrevino la contrarrevolución en esta última localidad, promovida por fray Miguel Vázquez y encabezada por Juan Lázaro, cacique aborigen que sometió a los alzados y por lo que recibió una condecoración del virrey en turno.

El 23 de abril de 1812, las tropas insurgentes de Miguel Serrano y Vicente Beristáin de Souza se apoderaron de Pachuca y Real del Monte, donde aprovecharon los recursos mineros para fabricar armas y municiones. Desde Huichapan, Julián Villagrán logró levantar en armas a todo el norte de la Intendencia de México y alcanzó el grado de teniente general del ejército insurgente. En el año de 1813, las tropas realistas emprendieron sangrientas acciones en contra de las huestes de ViIlagrán, quien finalmente fue fusilado el 21 de junio del mismo año. El virrey Félix María Calleja aprovechó este momento para reasumir el control del territorio y castigar a la población con el aumento de impuestos. El descontento del pueblo creció y el virrey envió al jefe realista José Barradas para que terminara con las actividades del insurgente José Francisco Osorno. El enfrentamiento de ambos personajes tuvo lugar el 12 de febrero de 1815 en los Llanos de Apan.

En abril de 1821, ante la proximidad de las tropas al mando de los generales Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria, las fuerzas realistas abandonaron el sitio que habían impuesto a Tulancingo, retirada que se considera como uno de los sucesos que empezaron a definir el triunfo de los insurgentes. La llegada de Nicolás Bravo a la ciudad tuvo importancia, no sólo militar, sino también política y cultural, pues Bravo editó ahí El Mosquito de Tulancingo, una de las publicaciones más incisivas del movimiento independentista.

Cuando el 27 de septiembre de 1821 el Ejercito Trigarante entró en la ciudad de México, tenía entre sus fieles a las compañías militares de Zacualtipán, Huichapan, Tulancingo y Apan.

Una vez triunfante el movimiento de Independencia y concluido el imperio de Agustín de Iturbide, la Constitución promulgada el 24 de octubre de 1824 decretó la formación de una República Federal integrada por 19 estados y 4 territorios. En esa época, el ahora Estado de Hidalgo formaba parte del Estado de México.

En el renglón económico, la situación era grave y la deuda externa enorme. El presidente Guadalupe Victoria buscó entonces el apoyo de inversionistas extranjeros. Así, el conde de Regla se asoció con el inglés John Taylor y fundó la Compañía del Real del Monte, en momentos en que la explotación minera estaba suspendida en esa población y en Pachuca a causa de la Guerra de Independencia

Durante la invasión estadunidense, un batallón norteamericano proveniente de Tampico pasó por Huejutla rumbo a la capital de la República y en una acción de enorme patriotismo, el general Francisco Garay, al frente de sólo 100 voluntarios, derrotó a los invasores el 13 de julio de 1847.

 

La Reforma y la creación del estado de Hidalgo

Durante la Guerra de Reforma, Hidalgo fue escenario de importantes sucesos, muchos de ellos violentos. En las ciudades de Pachuca y Real del Monte, por ejemplo, el general Santiago Tapia derrotó a los generales Miguel Negrete y Leonardo Márquez. El 5 de septiembre de 1860, con la toma de Pachuca por el general Pedro Ampudia, terminó la Guerra de Reforma en territorio hidalguense. Sin embargo, el 3 de junio de 1861 fue asesinado Melchor Ocampo en la hacienda de Caltengo, cerca de Tepeji del Río, como una muestra más de los antagonismos que imperaban en la época.

Ante la invasión de los franceses y a fin de organizar mejor la defensa del país, el presidente Benito Juárez decretó, el 7 de junio de 1862, la instauración del Segundo Distrito Militar del estado de México, con jurisdicción en lo que ahora es el estado de Hidalgo. Las poblaciones comprendidas en esta circunscripción sostuvieron un numeroso ejército, promulgaron una ley de impuestos y tuvieron un jefe político autónomo. Durante el segundo imperio, Maximiliano de Habsburgo elevó al rango de departamentos a Huejutla, Tula y Tulancingo, poblaciones que visitó en 1865. Durante su visita a esta última población, el impuesto emperador se hospedó en la misma casa que fuera prisión de Agustín de Iturbide.

En 1867 los diputados Manuel Fernández Soto, Antonio Tagle, Manuel Andrade, Protasio Tagle, Gabriel Mancera, Justino Fernández y Cipriano Robert lograron que el Congreso Federal consultara a la legislatura del estado de México sobre la creación de una nueva entidad federativa con parte del territorio mexiquense. Dicha legislatura se pronunció en enero de 1868, a partes iguales, en pro y en contra de la división, hasta que el 17 de marzo del mismo año el Congreso aprobó la creación del estado de Hidalgo y el 15 de enero de 1869 expidió el decreto respectivo, que fue promulgado por el presidente de la República un día después.

E1 21 de enero de ese año, de acuerdo con el decreto del Congreso, el presidente Juárez nombró gobernador provisional al coronel Juan C. Doria a quien sustituyó el 28 de mayo de 1870 el doctor Antonio Tagle, ya como gobernador constitucional.

Al igual que en el resto de la República, el turbulento siglo XIX propició graves sucesos de todos los órdenes. En ese contexto se dio la reelección de Juárez en 1871. Ello causó conmoción en Hidalgo, por lo que entre sus ciudadanos no faltó quien se adhiriera al Plan de la Noria de Porfirio Díaz que desconocía a Juárez. Entonces, el 28 de enero de 1872, el Gobierno Federal declaró a Hidalgo en estado de sitio y puso el gobierno en manos de Francisco A. Osorio, pese a las protestas del gobernador Antonio Tagle. En febrero del mismo año, los militares del Distrito de Tulancingo desconocieron a Osorio. Muerto Benito Juárez, y ya como presidente Sebastián Lerdo de Tejada, éste puso fin al estado de sitio en Hidalgo y reintegró el poder al gobernador Tagle.

El primero de abril de 1873 fue electo gobernador Justino Fernández, quien hubo de enfrentarse a las rebeliones derivadas en 1876 del Plan de Tuxtepec, que desconocía a Lerdo de Tejada, quien finalmente fue derrocado por el general Porfirio Díaz el 16 de noviembre del mismo año. Convocadas las elecciones, resultó electo presidente de la República el general Díaz. Éste designó en 1877 al general Rafael Cravioto para que gobernara el estado de Hidalgo. Durante su período, que se caracterizó por el desarrollo económico que logró la entidad, se construyó una red ferroviaria que comunicó internamente al Estado y facilitó el tránsito hacia la capital de la República.

 

La Revolución

En enero de 1910 se fundó en Hidalgo el club antirreeleccionista "Benito Juárez", mismo que participó en la campaña de Francisco I. Madero como candidato a la Presidencia de la República y que estaba integrado por miembros de algunas influyentes logias masónicas. El club cobró gran auge con la visita a Pachuca, el 29 de mayo de 1910, del candidato Madero, quien invitó a los hidalguenses a apoyar el Plan de San Luis, contrario a la reelección de Díaz.

Al ser burlada la votación y de acuerdo con el Plan de San Luis, los antirreeleccionistas debían levantarse en armas el 20 de noviembre, pero dos días antes fueron denunciados y aprehendidos Jesús Silva, Ramón Rosales, Francisco Cosío Robelo, Abel Serratos y Francisco Noble, entre otros. El 15 de mayo de 1911 los maderistas, bajo las órdenes de Gabriel Hernández, tomaron Tulancingo y al día siguiente Pachuca, ciudad donde depusieron al gobernador y nombraron en su lugar al abogado Joaquín González, a quien sucedieron Jesús Silva, Ramón Rosales y Miguel Lara.

Cuando Victoriano Huerta se apoderó de la presidencia, muchos hidalguenses lo combatieron adhiriéndose al Plan de Guadalupe. Después de varios meses de enconada lucha contra los huertistas, el 4 de agosto de 1914 entró triunfante a la capital del estado el general Nicolás Flores, quien asumió entonces la gubernatura.

Al producirse la escisión revolucionaria, Nicolás Flores ratificó su adhesión a Carranza, por lo que Villa y Medina Veytia se apoderaron de Huichapan y Pachuca respectivamente. Flores abandonó la gubernatura, pero la ocupó nuevamente al triunfo de Venustiano Carranza. En el ínterin, carrancistas y villistas se alternaron en la ocupación de la capital y en el gobierno estatal.

En 1918 hubo en Hidalgo graves discrepancias entre la legislatura y el gobernador Nicolás Flores respecto de una nueva Constitución; y entre el ayuntamiento y el presidente municipal de Pachuca en materia de jurisdicciones. Surgieron grupos terroristas como "El signo de la muerte" y "La mano negra" y de nuevo proliferaron los asesinatos y asaltos. Un año después, con la renovación del poder legislativo terminó el conflicto entre éste y el gobernador, pero surgió otro, esta vez con el poder federal. En mayo de 1920 los diputados y el gobernador hidalguenses desconocieron a Venustiano Carranza.

En otro orden de ideas y sucesos no menos importantes, fue inaugurada la carretera México-Pachuca el 5 de septiembre de 1920, elemento modernizador por excelencia que unió las capitales del estado y del país.

En 1923 la entidad fue escenario nuevamente de asonadas y bandolerismo: Porfirio Rubio, los hermanos Mayorga, Luis Lárraga, Lindoro Hernández y otros cabecillas mantenían en sobresalto a pueblos, trenes y caminos. El 12 de enero de 1924, los seguidores de De la Huerta se posesionaron de Pachuca e hicieron estallar una bomba de dinamita en el templo de San Francisco. Hubo también combates en Ixmiquilpan, Tenango y Zacualtipán.

E1 6 de mayo de 1925 el obispo de Huejutla, José de Jesús Manrique y Zárate, emitió una incendiaria pastoral de matiz cristero -negándose a acatar las leyes y disposiciones del gobierno civil-, que habría de contribuir al conflicto político-religioso ocurrido durante la gubernatura del coronel Matías Rodríguez. En febrero de 1926 las escuelas católicas y los templos fueron cerrados y clausurados los conventos. El obispo Manrique y Zárate fue aprehendido el primero de mayo de ese año bajo el cargo de sedición. Tras la agitada época de la revuelta cristera, el Estado de Hidalgo entró, al fin, en un periodo de relativa calma.

Datos obtenidos del Gobierno del Estado de Hidalgo.

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