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Escudo Heráldico de
Aguascalientes Lic. Bernabé Ballesteros Es
la heráldica, ciencia del espíritu que requiere para su ejercicio cualidades
de síntesis notorias. Resumir en unos cuantos rasgos fisiognómicos a un hombre o a un pueblo, es tarea vedada para aquellos cuya perspicacia no se adentra con precisión y rapidez en la esencia de los seres. Hacer un escudo no es sólo reunir figuras en torno de un emblema. Es, principalmente, ahondar en la historia de un grupo humano o en la vida de un hombre, con la visión certera del psicólogo que desdeña lo accidental para sólo tomar la substancia viva; requiere la pericia del gambusino, que decanta tan sólo el grano de oro; la sensibilidad del artista, que enaltece en el mundo de los valores del espíritu aquello de rico contenido humano o social, apartándolo de lo intrascendente. Hombres, instituciones y países han buscado siempre su propio “símbolo”. Y no por afán de vanidoso orgullo, sino en función humana de expresarlo todo en la más breve y poderosa síntesis. Las doctrinas mismas, en la imposibilidad de expresión en toda su plenitud, adoptan “símbolos” y emblemas que en unas cuantas palabras o en muy pocas figuras, condensen su más valioso contenido. El cristianismo entero se encierra en el símbolo o credo de los Apóstoles y en una figura: la Cruz. El comunismo integral, en el manifiesto de Marx y en la hoz y el martillo. Inglaterra en John Bull, como Estados Unidos en Uncle Sam. Sólo las doctrinas amorfas como el liberalismo, no pudieron llegar a expresarse en un rasgo genial. El escudo adoptado por Aguascalientes, en realidad es la historia misma de esa Entidad condensada en sus hechos cruciales. Se narra en él, con la simplicidad de la emblemática, la ilustre fundación hispánica; la auspiciación religiosa; los caracteres de termalidad que le dieron el nombre al Estado; la romántica leyenda de su independencia política, sintetizada en unos labios de mujer; las peculiaridades geodésicas; en fin, sus antecedentes la laboriosidad e industrialidad tan legítimamente ganados. En consecuencia, el autor del proyecto premiado, licenciado Bernabé Ballesteros, tiene con ello mérito bastante no sólo para haber recibido un trofeo, sino para quedar vinculado para lo sucesivo, más de lo que ya está a la historia misma de ese pueblo a quien ha sabido interpretar tan certeramente y al que ha condensado en tan excelente emblema. Y ya que el nombre del licenciado Ballesteros habrá que quedar ligado a Aguascalientes por este nuevo lazo, bueno es desde ahora consignar, aunque con el mismo espíritu de síntesis que preside a la heráldica, algunos de sus datos personales. Nacido en Querétaro el 9 de mayo de 1902, hizo sus exámenes profesionales y preparatorios en el Colegio Civil del Estado; recibido de abogado en el año de 1927, ocupó tanto en su tierra natal, como en Aguascalientes, importantes puestos judiciales y administrativos. De espíritu inquieto, siempre ha gustado de la investigación histórica, jurídica y literaria, la que ha recibido el contingente de su valiosa aportación. Su espíritu de organización y lucha, le ha colocado siempre al frente de movimientos importantes en pro de altos ideales. Actualmente forma parte del Poder Judicial de la Capital de la República. Su exquisita sensibilidad se revela hasta en el lema con que presentó a concurso del escudo ahora triunfante: Vicente Ríos. Nombre compuesto del inicial del señor su padre, licenciado don Vicente Ballesteros y del patronímico de su señora madre, Dolores Rios de Ballesteros, tributando con ello un íntimo homenaje de filial ternura. Permítasenos, pues, felicitar a Aguascalientes por contar a hora con un escudo tan bello y al excelente amigo licenciado Ballesteros por haber logrado tan merecido éxito. Lic. Roberto Motivos y Fundamentos del EscudoAntecedentes Antes
de Cortés, Aguascalientes estaba apenas habitado por diversas tribus nómadas,
predominando los cuachichiles, caxcanes, nahuatlacas y chichimecos; es probable
que los güamares y hasta los tarascos hayan llegado a incursionar con propósito
de dominio. Realizada
la conquista (1521) y abierto el camino carretero entre México y Zacatecas,
(1548) por el Beato Fray Sebastián de Aparicio, puede decirse que estaba
trazado por el dedo de Dios, su historia y su destino. Los
constantes asaltos a las conductas y diligencias, con saldos sangrientos; la
colonización y evangelización por los rumbos de Michoacán, Querétaro,
Celaya, San Miguel, Lagos, Zacatecas, Teocaltiche y
Nochistlán, hicieron pensar en la idea de establecer un presidio y hasta
un poblado, que fuese refugio seguro para los caminantes, contra los asaltos indígenas.
Se buscó el terreno apropiado encontrándose (1521) un valle abundantísimo, en
aguas con la circunstancia de que TODAS ERAN CALIENTES; las tierras si no de
primerísima calidad, sí eran labrantías. FUNDACIÓN
DE AGUASCALIENTES Doce
Familias de españoles salieron de Lagos debidamente autorizadas para fundar en
el valle un poblado; los acompañaban buen número de criollos, mestizos y
naturales, convertidos éstos a la fe de Cristo; aquellos desde su nacimiento la
profesaban. Iban todos bajo el mando de JUAN DE MONTORO. Llegaron al lugar
escogido (1565), fundando el pueblo en el lugar de entre las mejores AGUAS
CALIENTES y lo pusieron bajo la advocación y patrocinio de la Virgen de la
Asunción, por lo que es probable que tal
hecho se verificara el 25 de abril. Diez años m{as tarde, la Provincia de la
Nueva Galicia, a la cual estaba sujeto el territorio, hacía llegar el 22 de
Octubre de 1575, la Real cédula por lo que su Majestad el rey don FELIPE II,
concedía y autorizaba la fundación y el patrocinio apropiado; le daba ejidos
de cinco leguas a la redonda, ordenando que el poblado debía llamarse: VILLA DE
NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN DE LAS AGUAS CALIENTES. Desarrollo
de la Villa Los
ejidos concedidos, la abundancia de sus aguas, sus tierras labrantías, su clima
y su cielo, hicieron que la Villa se desarrollara rápida y prodigiosamente.
Carencia de datos precisos me impiden afirmar a priori, cosas que en sus
primeros años debieron suceder, ya que no se explica de otra manera cómo
comenzó a llamar la atención de toda la Nueva España. Más para dar una idea
de lo que estaba pasando, basta decir que el Virrey don Luis de Velasco concedió
el 15 de diciembre de 1593, autorización para que funcionara un Seminario donde
continuara sus estudios quince estudiantes mercenarios venidos de Guatemala,
privilegio que sólo a las grandes ciudades se otorgaba, en gracia a sus muchos
merecimientos. Así, pues, Aguascalientes contó con un plantel de segunda enseñanza
y profesional, desde la fecha acabada de citar. CONVOCATORIA El
Gobierno de la Entidad, lanzó el 15 de febrero último convocatoria para
adoptar oficialmente un escudo, por medio del decreto que al efecto expidiera la
Legislatura, el que saliera triunfante en la justa a que convocaba, y para mayor
estímulo ofreció una recompensa al triunfador, de mil quinientos pesos, y
diploma. Y decía: “...en consideración a la conveniencia de adoptar un
escudo para esta Entidad Federativa, que represente simbólicamente los
atributos más distinguidos y las más nobles características de su territorio
y población, al igual que lo han hecho otros Estados, CONVOCA a todos los
historiadores, literatos y en general a las personas avezadas en artes y
ciencias relacionadas con la Heráldica Civil, a fin de que participen en un
concurso... pero deberán utilizar la forma tradicional de la antigua heráldica
española, procurando la adopción de figuras, emblemas, esmaltes y metales, que
mejor correspondan a la representación de los atributos, motivos y características
del territorio aguascalentense, de su capital y de su población, en sus
aspectos geográficos, históricos, etnográficos, ideológicos, etc...” Mi
problema consistía en armonizar los deseos justos del Ejecutivo del Estado para
dotar de Escudo a Aguascalientes, con el historial, las características geográficas,
ideológicas y etnográficas proponer el que más conviniera, pues mi intención
no se guiaba en obtener un triunfo, sino legar al Estado un blasón digno de él.
Es por ello que no podría sino incluir como figura principal, al Jefe, la
Patrona de Aguascalientes, Nuestra Señora de la Asunción, tal como la describe
el Evangelio; transportada por los ángeles a los cielos; con ello simbolizo la
fundación de la Villa, y recuerdo la Real Cédula de Felipe II. También
incluyo por medio de una fuente, con brasas debajo, la característica principal
del territorio: sus aguas calientes, pues no sólo en la capital, sino en todo
el Estado existen en abundancia manantiales que van desde la ebullición, hasta
la agradable temperatura del cuerpo humano. Represento
por medio de una cadena semi rodeando una boca, la libertad y surgimiento del
Estado, porque si no fuere por el sacrificio de doña María Luisa Fernández
Villa de García Rojas, Aguascalientes no hubiese nacido quizás a la vida
independiente. Opté por así representarlo, ya que en heráldica una cadena en
círculo indica opresión, esclavitud, y rota o incompleta, la libertad. La boca
representa a doña Luisa y su noble acción. No
podría olvidar las características del territorio, su buena agricultura, por
su sistema de presas que datan desde el tiempo más remoto de la Colonia y por
ello la incluyo en el escudo, poniendo sobre ella un ramo de uvas, tanto porque
expresa la abundancia, debido al trabajo del hombre, cuanto para simbolizar el
despertar de la nueva industria viti-vinícola de Pabellón. Finalmente,
la rueda dentada, es el toponímico de la industrial Aguascalientes, con sus
grandes talleres; entre ellos los del ferrocarril, comenzados a instalar el 17
de agosto de 1898; dando principio al trabajo mecanizado en su casa redonda,
taller mecánico, de fuerza motriz y
de fragua y carpintería el primer día de este Siglo XX. De ellos salieron en
1918, la primera y única locomotora que se ha construído en el país y los
primeros carros, estos del tipo “cabús”, el año de 1944. La
abeja que aprisiona la rueda, representa el trabajo ordenado y metódico,
constante y progresista, tanto en la industria, como en la agricultura, debido
al noble esfuerzo de sus hijos. La
bordura lleva el bello y simbólico lema, debido al culto historiador Prof. Don
Alejandro Topete del Valle, triunfador al respecto, y es el siguiente: “BONA
TERRA, BONA GENS.-AQUA CLARA, CLARUM COELUM”. Pongo
como cimera un casco de caballero, para representar al fundador de la Villa, don
JUAN DE MONTORO, por que sin serlo, fué investido de Capitán; y ya con todo el
lambrequín, ornamento heráldicamente el escudo, rodeándolo casi hasta su
base, con hojas de acanto, desenvolviéndolas simétricamente, según también
el progreso y desenvolvimiento que tuvo Aguascalientes, debido sin duda a los
once fundadores que acompañaron a Montoro. LECTURA HERÁLDICA Escudo
cortado y medio partido: 1º.-En
campo de azur, la Virgen de la Asunción en Plata. A su diestra una fuente de
agua, con las brasas debajo, al natural y a su siniestra, una boca al natural
semi rodeada de una cadena rota, en oro. 2º.-En
campo de plata, una presa y sobre ésta un ramo de uvas; todo al natural. 3º.-En
campo de oro una rueda dentada recortada en sable, y dentro, aprisionada, una
abeja al natural. Bordura
en gules. Cimera.-Un
yelmo o casco de caballero, en plata, sombreado en sable y lambrequín simétrico
de hojas de acanto al natural, combinadas en azur, gules y sínople. Bernabé Ballesteros Datos obtenidos del Gobierno del Estado de Aguascalientes. Para mayor información visitar la página del Estado.
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